Desprendimiento

Introducción

El término desprendimiento puede referirse, en oftalmología, a distintas entidades según el tejido comprometido. Sin embargo, en la práctica clínica cotidiana, cuando hablamos de desprendimiento sin más aclaraciones, muchas personas piensan en el desprendimiento de retina, una urgencia oftalmológica que puede comprometer la visión de manera grave si no se diagnostica y trata a tiempo. También existen otras formas de desprendimiento, como el desprendimiento de vítreo posterior, o cuadros menos frecuentes que afectan coroides, epitelio pigmentario o capas relacionadas. En todos los casos, el concepto central es el mismo: una separación anómala entre estructuras que normalmente están firmemente adheridas y que dependen de esa relación íntima para funcionar correctamente.

La importancia clínica de este tema es enorme porque el desprendimiento de retina suele comenzar con síntomas sutiles —destellos, moscas volantes, una sombra periférica— que muchas veces se subestiman. En Argentina, como en otros países, el acceso oportuno a evaluación con fondo de ojo dilatado, oftalmoscopia binocular indirecta y tratamiento quirúrgico puede variar según la región, la cobertura de salud y la disponibilidad de retina especializada. Por eso, comprender los signos de alarma, los factores de riesgo y el circuito asistencial habitual resulta clave para reducir demoras diagnósticas y preservar visión.

En este artículo se revisarán los conceptos anatómicos esenciales, las causas más frecuentes, el modo de presentación clínica, el diagnóstico práctico y las opciones de tratamiento, con foco en el desprendimiento de retina y sus variantes más relevantes. También se incorporará contexto argentino, incluyendo la realidad del sistema público, las obras sociales y las prepagas, y la necesidad de derivación rápida cuando hay sospecha de lesión retinal.

Conceptos y anatomía relevantes

Para entender el desprendimiento de retina es necesario repasar la anatomía funcional del segmento posterior. La retina neurosensorial es una capa altamente especializada que recubre la pared interna del ojo y convierte la energía luminosa en señales eléctricas que luego viajan por el nervio óptico hacia la corteza visual. Debajo de ella se encuentra el epitelio pigmentario de la retina (EPR), una monocapa celular esencial para el metabolismo de los fotorreceptores, el reciclaje de los pigmentos visuales y la adhesión entre retina y coroides. Entre la retina y el EPR no existe, en condiciones normales, un espacio anatómico “vacío” amplio; por eso, cuando aparece líquido subretinal o una tracción mecánica significativa, la retina puede separarse.

El vítreo es otra estructura fundamental. Se trata de un gel transparente que llena la cavidad posterior del ojo y está íntimamente relacionado con la retina, especialmente en la base vítrea, la papila y regiones vasculares periféricas. Con el paso del tiempo, el vítreo se licúa y puede desprenderse de la retina, fenómeno conocido como desprendimiento vítreo posterior. Este proceso es fisiológico en muchos adultos, pero en algunos casos genera tracción sobre zonas de adherencia firme y produce desgarros retinales. Si a través del desgarro ingresa líquido subretinal, se desarrolla un desprendimiento de retina regmatógeno, la forma más frecuente y la que más preocupa por su potencial de pérdida visual permanente.

Existen además otros mecanismos. El desprendimiento traccional ocurre cuando membranas fibrovasculares, típicamente asociadas a diabetes proliferativa u otras enfermedades proliferativas, “tiran” de la retina y la elevan sin que necesariamente exista un desgarro inicial. El desprendimiento exudativo o seroso, en cambio, se produce por acumulación de líquido subretinal debido a inflamación, tumores, vasculopatías o alteraciones del EPR, sin rotura retinal primaria. Esta distinción no es solo académica: cada mecanismo exige un abordaje terapéutico diferente.

Epidemiología y contexto en Argentina

La epidemiología del desprendimiento de retina está bien descrita en la literatura internacional, pero en Argentina los datos poblacionales son heterogéneos y, en general, limitados a series institucionales o registros parciales. Por ello, no es prudente extrapolar una cifra local única como si fuera universal. Sí puede afirmarse que la carga asistencial existe en todo el país y que el impacto funcional es considerable porque el cuadro suele requerir resolución urgente y, en muchos casos, cirugía vitreorretinal.

El patrón de riesgo es similar al observado globalmente. El desprendimiento de retina es más frecuente en personas con miopía, traumatismos oculares, antecedentes de cirugía de catarata, historia personal o familiar de desprendimiento, degeneraciones periféricas como lattice, y ciertas enfermedades sistémicas o oculares predisponentes. En la práctica argentina, el retraso en la consulta puede verse favorecido por barreras geográficas, dificultades para acceder a guardias oftalmológicas con dilatación pupilar, o la falsa percepción de que “ver manchas” es algo benigno. A esto se suman condiciones habituales de la vida urbana moderna, como alta exposición a pantallas y hábitos de consulta diferida por saturación laboral, aunque la relación directa entre pantalla y desprendimiento de retina no está demostrada; lo que sí importa es que síntomas visuales nuevos no deben atribuirse sin evaluación a fatiga digital.

También conviene considerar el contexto ocupacional. En áreas rurales, industriales o de construcción, el trauma ocular tiene mayor relevancia como factor precipitante, y la prevención con protección ocular sigue siendo una medida subutilizada. Por otra parte, la alta prevalencia de miopía en población joven y adulta en múltiples ciudades latinoamericanas es un motivo de preocupación clínica, ya que la miopía elevada modifica la anatomía retinal y aumenta el riesgo de desgarros y desprendimiento.

Etiología y factores de riesgo

La etiología del desprendimiento de retina depende del mecanismo fisiopatológico. En el tipo regmatógeno, la causa inmediata suele ser un desgarro o agujero retinal. Estos desgarros pueden aparecer tras un desprendimiento vítreo posterior sintomático, en degeneraciones periféricas o luego de traumatismos. Cuando el vítreo tracciona de una retina vulnerable, se genera una solución de continuidad que permite el paso de líquido subretinal. Si el líquido se extiende, la retina se eleva y pierde su capacidad funcional.

Entre los principales factores de riesgo se encuentran la miopía axial, la cirugía previa de catarata, la pseudofaquia, la afáquia, el antecedente de desprendimiento de retina en el ojo contralateral, la historia familiar, el traumatismo ocular, las degeneraciones vitreorretinales periféricas, y ciertos síndromes hereditarios del colágeno o del tejido conectivo. En niños, aunque el desprendimiento de retina es mucho menos frecuente que en adultos, deben considerarse antecedentes de traumatismo, retinopatía del prematuro, enfermedades hereditarias y cirugía previa, entre otros. En pacientes con diabetes, el mecanismo traccional cobra más relevancia, especialmente cuando existe retinopatía proliferativa avanzada y membranas fibrovasculares.

El desprendimiento exudativo merece mención porque puede aparecer en uveítis, enfermedades inflamatorias, coroidopatías, tumores intraoculares o alteraciones vasculares severas. En estos casos, el problema no es un desgarro sino un desequilibrio entre filtración y absorción de líquido. En consecuencia, tratar solo con cirugía sin abordar la causa de base sería insuficiente.

Manifestaciones clínicas

El desprendimiento de retina suele comenzar con síntomas que, al principio, no siempre alarman al paciente. El cuadro clásico incluye fotopsias o destellos luminosos, aparición súbita de miodesopsias o “moscas volantes”, y luego una sombra periférica o un “cortinón” que avanza sobre el campo visual. Cuando la mácula aún no está comprometida, la agudeza visual central puede conservarse de forma engañosa; esto explica por qué algunas personas consultan tarde. Si la mácula se desprende, la visión central cae de manera más notoria, con gran impacto funcional.

Los hallazgos dependen del tipo de desprendimiento. En el regmatógeno, la retina aparece elevada, móvil, con pliegues y puede observarse una rotura, una lesión en herradura o un agujero. En el traccional, la retina suele verse tironeada por membranas visibles, con elevación menos móvil. En el exudativo, la elevación es más lisa y bullosa, sin desgarro visible, y suele acompañarse de signos de inflamación o enfermedad subyacente.

El diagnóstico diferencial incluye desprendimiento vítreo posterior sin desgarro, hemorragia vítrea, aura migrañosa, cuerpos flotantes benignos, neuropatías ópticas, oclusiones vasculares y alteraciones corneales o lenticulares que reducen la visión. Por eso, la entrevista y el examen con pupila dilatada son decisivos. Un paciente que describe destellos y aumento brusco de flotadores no debe ser tranquilizado sin una exploración retinal completa.

Red flags que requieren evaluación urgente: aparición súbita de muchos flotadores, destellos repetidos, sombra o “cortina” en el campo visual, disminución visual abrupta, trauma ocular reciente, o síntomas en una persona con alta miopía, cirugía de catarata previa, diabetes proliferativa o antecedente de desprendimiento en el otro ojo. Estos signos justifican derivación inmediata a un servicio oftalmológico con capacidad de examen de retina.

Diagnóstico y pruebas

El diagnóstico es clínico y se apoya en un examen oftalmológico completo. La historia debe explorar el modo de inicio, la evolución temporal, la presencia de fotopsias, miodesopsias, pérdida de campo visual, traumatismos, cirugías previas, miopía, diabetes, inflamación ocular, antecedente familiar y síntomas bilaterales. La agudeza visual, la presión intraocular y la evaluación pupilar forman parte de la valoración inicial, pero el eje del diagnóstico es el examen del fondo de ojo con dilatación.

En este contexto, la oftalmoscopia binocular indirecta (OBI) tiene un valor central. Permite una visión amplia de la retina periférica, mejor percepción de la elevación retinal y la búsqueda sistemática de desgarros o agujeros, incluso cuando hay opacidades de medios moderadas. Su ventaja sobre la oftalmoscopia directa es precisamente el campo visual más amplio y la visión estereoscópica, muy útil para delimitar extensión y movilidad del desprendimiento. En manos entrenadas, la OBI es especialmente importante para detectar lesiones periféricas que pueden pasar inadvertidas en una exploración limitada.

A menudo se complementa con biomicroscopía con lente de contacto o de no contacto y, en casos donde la visualización del fondo de ojo está impedida por hemorragia vítrea, catarata densa o córnea opaca, la ecografía ocular modo B adquiere gran utilidad. La ecografía puede mostrar membranas desprendidas, su movilidad y, en muchos casos, sugerir si hay un desgarro, aunque no reemplaza la evaluación clínica cuando esta es posible. La tomografía de coherencia óptica (OCT) puede ser útil para evaluar el compromiso macular, diferenciar desprendimiento seroso de otros cuadros y planificar el pronóstico visual, pero no sustituye el examen periférico retinal.

En el enfoque diagnóstico es importante no sobreinterpretar hallazgos aislados. Una retina “plana” en una exploración incompleta no descarta un desgarro periférico; del mismo modo, un paciente con destellos y flotadores puede tener un desprendimiento vítreo posterior sin rotura visible, pero solo una evaluación cuidadosa permite diferenciarlo de una lesión que sí requiera tratamiento profiláctico o quirúrgico. La precisión diagnóstica depende de integrar síntomas, antecedentes y examen dilatado.

Tratamiento y manejo

El manejo del desprendimiento de retina debe ser rápido y orientado por el mecanismo causal. Cuando se identifica un desgarro retinal sin desprendimiento establecido, el tratamiento profiláctico con láser o crioterapia puede evitar la progresión en casos seleccionados. Una vez que la retina se ha desprendido, la estrategia cambia y suele requerir cirugía. La elección depende de la localización del desgarro, la extensión del desprendimiento, el estado del cristalino, la presencia de tracción vítrea, el tiempo de evolución y la experiencia del cirujano.

En el ámbito argentino, el circuito real suele incluir consulta en guardia oftalmológica, derivación a retina y posible referencia a centros con quirófano vitreorretinal. En el sistema público, la disponibilidad puede variar según provincia y complejidad del hospital; en obras sociales y prepagas, la rapidez depende de la red de prestadores y la autorización, aunque ante una urgencia retinal la derivación no debería demorar. Por eso es clave que el paciente y el médico general comprendan que la sospecha clínica de desprendimiento justifica prioridad.

La terapia no farmacológica incluye reposo relativo según indicación, protección del ojo y, sobre todo, no retrasar la consulta. No existen gotas ni medicamentos tópicos que “peguen” una retina desprendida. Ese es un punto fundamental de educación sanitaria. En desprendimientos exudativos, el tratamiento médico se dirige a la causa primaria: control de inflamación, enfermedad vascular, neoplasia o infección según corresponda. En el traccional diabético, el control metabólico es esencial, aunque muchas veces no basta sin intervención quirúrgica.

La adherencia al tratamiento mejora cuando se explica con claridad que el objetivo no es solo “quitar la molestia”, sino preservar visión anatómica y funcional. En Argentina, donde el paciente puede atravesar múltiples escalones asistenciales, la recomendación más importante es la derivación oportuna y la confirmación de que la evaluación retinal fue realmente completa.

Cirugía (si aplica)

La cirugía es el tratamiento estándar en la mayoría de los desprendimientos de retina regmatógenos y en muchos traccionales complejos. Las técnicas principales incluyen la vitrectomía pars plana, el cerclaje escleral y, en situaciones seleccionadas, procedimientos combinados. La elección depende de características anatómicas y del contexto clínico. El cerclaje escleral modifica la geometría del globo ocular para disminuir la tracción sobre el desgarro y favorecer el cierre; la vitrectomía permite retirar el vítreo traccional, localizar y tratar desgarros, drenar líquido subretinal en algunos casos y colocar gas o aceite de silicona para sostener la reaplicación retinal.

La planificación preoperatoria exige un mapeo minucioso de las roturas, evaluación de la macula-on o macula-off, estado del cristalino, presencia de proliferación vitreorretinal y coexistencia de hemorragia vítrea o catarata. En cirugías complejas, el objetivo es reaplicar la retina y reducir la probabilidad de reproliferación. El postoperatorio puede incluir posicionamiento cefálico según la burbuja de gas, restricción de viajes en avión o ascensos a altura, controles sucesivos y vigilancia de presión intraocular e inflamación.

Las complicaciones potenciales incluyen catarata acelerada, hipertensión ocular, recidiva del desprendimiento, proliferación vitreorretinal, hemorragia, infección y, en casos con gas intravítreo, riesgos asociados a cambios de presión atmosférica. La mitigación de estos eventos depende de una selección adecuada del procedimiento, técnica quirúrgica cuidadosa, seguimiento cercano y educación clara al paciente sobre signos de alarma postoperatorios.

Complicaciones, pronóstico y calidad de vida

El pronóstico visual depende, sobre todo, de si la mácula estaba desprendida al momento de la cirugía, de cuánto tiempo transcurrió desde el inicio de los síntomas, del estado de la retina, y de la presencia de complicaciones como proliferación vitreorretinal o desgarros múltiples. Cuando la mácula permanece adherida, la urgencia es extrema porque preservar la visión central ofrece mejores resultados funcionales. Cuando la mácula ya se desprendió, la recuperación visual puede ser incompleta aun con anatomía exitosa, lo que explica por qué el tiempo de consulta es tan determinante.

El impacto en la calidad de vida puede ser importante: dificultad para leer, conducir, reconocer rostros, estudiar o trabajar, especialmente si el ojo comprometido era el dominante. En personas activas laboralmente, la pérdida de visión súbita afecta productividad y seguridad, y también genera ansiedad significativa. En el postoperatorio, la recuperación visual puede ser gradual y coexistir con la necesidad de cirugía de catarata o retoques adicionales. Por eso, la comunicación médico-paciente debe incluir expectativas realistas y seguimiento.

Prevención y salud pública (Argentina-oriented)

La prevención más efectiva es la detección temprana de síntomas y la atención rápida. En Argentina, esto implica fortalecer el conocimiento de la población sobre la urgencia de consultar ante destellos, flotadores súbitos o sombras en el campo visual, así como optimizar la derivación desde guardias generales, clínicas y medicina familiar hacia oftalmología. En personas de alto riesgo —miope alto, operados de catarata, diabéticos con retinopatía avanzada, antecedentes de traumatismo o desprendimiento contralateral— los controles periódicos con pupila dilatada son particularmente relevantes.

También son importantes las medidas de seguridad ocular en el trabajo y el deporte, especialmente en actividades con riesgo de traumatismo. La protección con anteojos adecuados, la educación sobre traumatismos contusos y el acceso temprano a guardias oftalmológicas pueden reducir complicaciones. En el sistema de salud argentino, la articulación entre atención primaria, guardias y subespecialidades es un área clave: cuanto más claro sea el circuito de derivación, menor será la demora en un cuadro tiempo-dependiente.

Tendencias emergentes y líneas de investigación

La investigación actual se concentra en mejorar la detección precoz y la predicción de riesgo. La OCT de campo amplio, la inteligencia artificial aplicada a imágenes de retina y los algoritmos de triage remoto son líneas prometedoras, aunque todavía no reemplazan el examen clínico con dilatación y OBI. En cirugía, la microincisión vitreorretinal, los mejores sistemas de visualización y la refinación de tamponadores han mejorado la seguridad y la precisión técnica, pero los resultados siguen dependiendo en gran medida del momento del diagnóstico y de la complejidad anatómica.

También se investiga la prevención de proliferación vitreorretinal y la optimización de resultados en desprendimientos macula-off de larga evolución. No obstante, es importante subrayar que, al día de hoy, ninguna innovación sustituye la regla básica: ante síntomas compatibles, la evaluación urgente sigue siendo el paso más importante.

Conclusiones

El desprendimiento de retina es una urgencia oftalmológica en la que el tiempo importa. Reconocer síntomas como destellos, flotadores súbitos y sombra periférica permite consultar temprano y mejorar el pronóstico. La oftalmoscopia binocular indirecta continúa siendo una herramienta central para el diagnóstico, especialmente en retina periférica. El tratamiento depende del mecanismo causal, pero con frecuencia requiere cirugía vitreorretinal o cerclaje escleral. En Argentina, la educación del paciente y la derivación rápida son esenciales para reducir demoras y preservar visión. Ninguna gota reemplaza una evaluación retinal completa.

Preguntas Frecuentes

  • ¿Cuándo debo consultar de urgencia por sospecha de desprendimiento?
    Debe consultar de forma urgente si aparece de manera súbita un aumento de moscas volantes, destellos repetidos, una sombra o cortina en el campo visual, o una baja visual brusca. Estos síntomas pueden corresponder a un desgarro o a un desprendimiento de retina, y la demora puede empeorar el pronóstico.

  • ¿La oftalmoscopia binocular indirecta duele o tiene riesgos?
    No suele doler. Generalmente requiere dilatación pupilar y permite al oftalmólogo examinar la retina periférica con gran detalle. La molestia más habitual es la visión borrosa transitoria por las gotas midriáticas. Es una prueba muy valiosa para detectar desgarros y desprendimientos.

  • ¿Se cura un desprendimiento de retina con gotas o reposo?
    No. Las gotas no reaplican una retina desprendida. El reposo relativo puede formar parte de la indicación general, pero el tratamiento definitivo suele ser láser en desgarros seleccionados o cirugía cuando el desprendimiento ya está presente. La conducta correcta depende del mecanismo y de la evaluación especializada.

  • ¿La cirugía siempre devuelve la visión al 100%?
    No necesariamente. La cirugía puede lograr que la retina vuelva a su posición anatómica, pero la recuperación visual depende de si la mácula estaba afectada, del tiempo transcurrido y de las complicaciones asociadas. Cuanto antes se trate, mejores suelen ser las posibilidades funcionales.

  • ¿Hay diferencias entre niños y adultos?
    Sí. En adultos, el desprendimiento regmatógeno es el más común, asociado a miopía, cirugía previa o desprendimiento vítreo posterior. En niños es menos frecuente y suele relacionarse con traumatismos, enfermedades hereditarias, retinopatía del prematuro o cirugías previas. La evaluación pediátrica requiere un enfoque especializado.

  • ¿Es mito que “ver moscas volantes” siempre es normal?
    Sí, es un mito incompleto. Algunas miodesopsias son benignas, pero cuando aparecen de forma súbita, aumentan en número o se acompañan de destellos o sombra visual, pueden indicar una rotura retinal. En ese contexto no deben minimizarse.

  • ¿Qué pasa si me atienden en una guardia general en Argentina y no hay retina en el lugar?
    Lo importante es que la sospecha sea reconocida y se gestione una derivación rápida a oftalmología, idealmente con acceso a dilatación pupilar y examen de retina. Según la cobertura y la zona, esto puede hacerse por el sistema público, por la obra social o por la prepaga. Si los síntomas son compatibles, no conviene esperar turnos demorados.

Referencias

  1. American Academy of Ophthalmology. Retina and Vitreous Preferred Practice Pattern. San Francisco, CA: AAO; última actualización disponible.
  2. Feltgen N, Walter P. Rhegmatogenous retinal detachment—an ophthalmologic emergency. Dtsch Arztebl Int. 2014;111(1-2):12-21.
  3. Pastor JC, Rojas J, Pastor-Idoate S, et al. Proliferative vitreoretinopathy: a new concept of disease pathogenesis and practical consequences. Prog Retin Eye Res. 2016;51:125-155.
  4. Pournaras CJ, Donati G, Porta G. Retinal detachment and associated pathologies. In: Yanoff M, Duker JS, eds. Ophthalmology. 5th ed. Elsevier; 2019.
  5. Wickham L, Connor M, Aylward GW. Rhegmatogenous retinal detachment: diagnosis and management. BMJ. 2011;342:d555.
  6. Mitry D, Awan MA, Borooah S, et al. Surgical outcome and risk stratification in retinal detachment. Eye (Lond). 2011;25(8):1069-1077.
  7. Sociedad Argentina de Oftalmología (SAO). Materiales de actualización en patología vitreorretinal. Buenos Aires: SAO; acceso institucional.
  8. Consejo Argentino de Oftalmología (CAO). Guías y consensos de práctica oftalmológica. Buenos Aires: CAO; documentos vigentes disponibles en la institución.
  9. Ministerio de Salud de la Nación Argentina. Lineamientos y materiales de salud visual y atención oftalmológica. Buenos Aires: Ministerio de Salud; recursos institucionales vigentes.
  10. Grand M, Walia HS, Salomão SR, et al. Retinal detachment epidemiology and visual outcomes: a review of the literature. Surv Ophthalmol. 2022;67(3):…
  11. AAO EyeWiki. Retinal Detachment. American Academy of Ophthalmology; recurso educativo clínico actualizado.
  12. Hospital Italiano de Buenos Aires. Materiales académicos y de actualización en retina y vítreo. Buenos Aires: HIBA; acceso institucional.

Preguntas Frecuentes

  • ¿Cuándo debo consultar de urgencia por sospecha de desprendimiento?
    Debe consultar de forma urgente si aparece de manera súbita un aumento de moscas volantes, destellos repetidos, una sombra o cortina en el campo visual, o una baja visual brusca. Estos síntomas pueden corresponder a un desgarro o a un desprendimiento de retina, y la demora puede empeorar el pronóstico.

  • ¿La oftalmoscopia binocular indirecta duele o tiene riesgos?
    No suele doler. Generalmente requiere dilatación pupilar y permite al oftalmólogo examinar la retina periférica con gran detalle. La molestia más habitual es la visión borrosa transitoria por las gotas midriáticas. Es una prueba muy valiosa para detectar desgarros y desprendimientos.

  • ¿Se cura un desprendimiento de retina con gotas o reposo?
    No. Las gotas no reaplican una retina desprendida. El reposo relativo puede formar parte de la indicación general, pero el tratamiento definitivo suele ser láser en desgarros seleccionados o cirugía cuando el desprendimiento ya está presente. La conducta correcta depende del mecanismo y de la evaluación especializada.

  • ¿La cirugía siempre devuelve la visión al 100%?
    No necesariamente. La cirugía puede lograr que la retina vuelva a su posición anatómica, pero la recuperación visual depende de si la mácula estaba afectada, del tiempo transcurrido y de las complicaciones asociadas. Cuanto antes se trate, mejores suelen ser las posibilidades funcionales.

  • ¿Hay diferencias entre niños y adultos?
    Sí. En adultos, el desprendimiento regmatógeno es el más común, asociado a miopía, cirugía previa o desprendimiento vítreo posterior. En niños es menos frecuente y suele relacionarse con traumatismos, enfermedades hereditarias, retinopatía del prematuro o cirugías previas. La evaluación pediátrica requiere un enfoque especializado.

  • ¿Es mito que “ver moscas volantes” siempre es normal?
    Sí, es un mito incompleto. Algunas miodesopsias son benignas, pero cuando aparecen de forma súbita, aumentan en número o se acompañan de destellos o sombra visual, pueden indicar una rotura retinal. En ese contexto no deben minimizarse.

  • ¿Qué pasa si me atienden en una guardia general en Argentina y no hay retina en el lugar?
    Lo importante es que la sospecha sea reconocida y se gestione una derivación rápida a oftalmología, idealmente con acceso a dilatación pupilar y examen de retina. Según la cobertura y la zona, esto puede hacerse por el sistema público, por la obra social o por la prepaga. Si los síntomas son compatibles, no conviene esperar turnos demorados.

Aviso educativo: este artículo brinda información general y no reemplaza la evaluación de un profesional. Ante síntomas compatibles con desprendimiento de retina u otro problema ocular urgente, consulte de inmediato a un oftalmólogo o a una guardia oftalmológica. En Argentina, puede acceder a atención a través del sistema público, obras sociales o prepagas según su cobertura y disponibilidad local.

Redacción UNO

Especialistas en oftalmología

Nuestro equipo editorial está formado por expertos en comunicación médica. Con una vasta experiencia en la creación de contenido especializado, se dedican a desarrollar materiales informativos precisos y accesibles para nuestros pacientes y la audiencia general.

Descubrí más Contenido

UNO Visión