Edema

Introducción

El edema ocular es una manifestación clínica, no una enfermedad única. En la práctica oftalmológica, el término se utiliza para describir la acumulación anormal de líquido en distintos tejidos del ojo o sus anexos, como la córnea, la retina, la mácula, la conjuntiva, los párpados o los tejidos orbitarios. Esa simple palabra, “edema”, puede corresponder a escenarios muy diferentes: desde un edema corneal transitorio por hipoxia o uso prolongado de lentes de contacto, hasta un edema macular diabético que compromete la visión central, o un edema palpebral por alergia, infección o enfermedad sistémica. Por eso, comprender el edema en oftalmología exige integrar anatomía, fisiopatología, clínica y diagnóstico con una mirada ordenada y práctica.

La importancia del tema en Argentina es especialmente relevante por la alta frecuencia de enfermedades crónicas asociadas, como diabetes, hipertensión, patologías alérgicas y trastornos inflamatorios, además de barreras de acceso variables según la región, la cobertura sanitaria y la disponibilidad de estudios como la tomografía de coherencia óptica (OCT). En la consulta cotidiana en hospitales públicos, centros de especialidades, obras sociales y prepagas, el edema ocular suele presentarse como una queja vaga: “veo borroso”, “tengo el ojo hinchado”, “me molesta la luz” o “se me nubla la vista”. Detrás de esos síntomas puede haber desde un proceso benigno y autolimitado hasta una urgencia que amenaza la visión.

En este artículo se revisan los conceptos anatómicos y fisiológicos del edema, sus causas más frecuentes y su relación con distintas edades y contextos clínicos, las manifestaciones que orientan el diagnóstico, el rol de las pruebas complementarias —con énfasis en OCT cuando corresponde— y las estrategias de tratamiento y prevención con enfoque realista para el contexto argentino.

Conceptos y anatomía relevantes

Para entender el edema ocular conviene recordar que el agua corporal se distribuye entre compartimentos y que su paso está regulado por fuerzas hidrostáticas y oncóticas, por la permeabilidad capilar y por sistemas de drenaje linfático y venoso. Cuando este equilibrio se altera, el líquido se acumula en un tejido determinado. En oftalmología, el sitio anatómico donde se acumula el líquido define gran parte del cuadro clínico.

La córnea es un tejido avascular cuya transparencia depende de una organización precisa de sus capas y de la función de barrera y bombeo del endotelio corneal. Si esta bomba falla, la córnea se hidrata en exceso, pierde transparencia y aparece el edema corneal. La retina, en cambio, tiene una microcirculación especializada y una barrera hematorretiniana interna y externa; cuando esta se altera, el líquido se filtra al espesor retiniano o al espacio subretiniano, produciendo edema macular o retiniano. La conjuntiva y los párpados presentan tejido laxo y muy vascularizado, por lo que tienden a hincharse con facilidad ante inflamación, alergia, infección o retención hídrica. En la órbita, el edema puede ser parte de enfermedades inflamatorias, vasculares o infecciosas, y puede coexistir con proptosis, dolor o limitación de la motilidad ocular.

En el caso de la retina y la mácula, la OCT ha revolucionado el entendimiento del edema porque permite visualizar en vivo cortes de alta resolución del espesor retiniano y detectar líquido intrarretiniano, subretiniano o quistes, incluso antes de que la disminución visual sea muy marcada. Por eso, cuando se habla de “edema” en retina, muchas veces se piensa específicamente en edema macular, una de las causas más relevantes de pérdida visual tratable.

Epidemiología y contexto en Argentina

La epidemiología del edema ocular no puede resumirse en una sola cifra, porque depende del órgano afectado y de la enfermedad de base. En Argentina, como en otros países, la carga clínica está fuertemente influida por la prevalencia de diabetes mellitus, hipertensión arterial, alergias oculares, enfermedades inflamatorias y el uso extendido de dispositivos digitales. Aunque la disponibilidad de datos nacionales homogéneos es limitada y en algunos temas heterogénea, la práctica clínica muestra que el edema macular diabético, el edema corneal en usuarios de lentes de contacto y el edema palpebral por alergia o blefaritis son motivos muy frecuentes de consulta.

El contexto argentino agrega matices relevantes. Por un lado, la atención suele transitar entre subsectores público, obras sociales y prepagas, lo que influye en tiempos de diagnóstico y acceso a OCT, colirios específicos o tratamientos intravítreos. Por otro lado, factores ambientales como la exposición solar intensa en amplias regiones del país, el viento y la sequedad ambiental pueden agravar la superficie ocular y favorecer inflamación de párpados y conjuntiva en personas predispuestas. A esto se suma el uso sostenido de pantallas, que no causa por sí solo edema macular en individuos sanos, pero sí incrementa molestias oculares, altera el parpadeo y empeora la enfermedad de la superficie ocular, creando cuadros que el paciente describe como “ojo hinchado” o “ojos cansados”.

En poblaciones pediátricas, el edema periocular puede asociarse a alergia, infecciones o enfermedades sistémicas, y en adultos mayores es importante considerar causas vasculares, metabólicas, inflamatorias y neoplásicas. En todos los grupos etarios, el acceso tardío a la evaluación especializada puede demorar el reconocimiento de cuadros potencialmente graves.

Etiología y factores de riesgo

Las causas del edema ocular pueden organizarse de manera útil según el tejido afectado y el mecanismo fisiopatológico. Cuando el edema compromete la córnea, las causas incluyen descompensación endotelial, glaucoma agudo, traumatismo, cirugía ocular previa, uso inapropiado de lentes de contacto, hipoxia corneal, distrofias corneales y queratitis inflamatorias. En el edema macular, los mecanismos principales son la ruptura de la barrera hematorretiniana y el aumento de la permeabilidad vascular, como ocurre en retinopatía diabética, oclusiones venosas retinianas, uveítis, cirugía de catarata con respuesta inflamatoria y algunas distrofias o patologías hereditarias.

El edema palpebral y conjuntival, por su parte, suele relacionarse con alergia, blefaritis, conjuntivitis infecciosa, celulitis preseptal, traumatismos, angioedema, trastornos tiroideos, nefropatías, estados de retención hídrica o alteraciones linfáticas. El edema orbitario puede presentarse en la orbitopatía tiroidea, pseudotumor orbitario inflamatorio, celulitis orbitaria, tumores o procesos vasculares.

Los factores de riesgo varían según la entidad. En adultos, la diabetes mal controlada, la hipertensión, la dislipidemia, el tabaquismo y el antecedente de cirugía ocular aumentan el riesgo de edema macular o corneal, mientras que el uso prolongado de lentes de contacto aumenta el riesgo de edema corneal e inflamación de la superficie ocular. En niños, predominan alergia, infecciones y, con menor frecuencia, causas congénitas o sistémicas. Las personas con enfermedad renal, hepática o cardíaca pueden presentar edema periorbitario por retención de líquidos, y algunos fármacos también pueden contribuir a cuadros edematosos. Siempre debe recordarse que el edema ocular, sobre todo si es unilateral, doloroso o asociado a alteración visual, exige descartar infección, trauma o patología intraocular.

Manifestaciones clínicas

Las manifestaciones clínicas dependen del sitio anatómico comprometido. El edema corneal suele producir visión borrosa, halos alrededor de las luces, fotofobia y sensación de “niebla” o cristal empañado. Cuando es leve, el paciente puede referir solo fluctuaciones visuales matinales; en casos más intensos, la transparencia corneal disminuye en forma marcada y puede coexistir dolor si hay compromiso epitelial o aumento de presión intraocular. La exploración muestra engrosamiento corneal, microquistes epiteliales, pliegues de membrana de Descemet o, en casos severos, opacidad difusa.

El edema macular típicamente causa disminución de la agudeza visual central, metamorfopsias —es decir, líneas torcidas—, dificultad para leer y para reconocer detalles finos. A veces el paciente no presenta dolor ni ojo rojo, lo que puede retrasar la consulta. En el fondo de ojo pueden observarse engrosamiento retiniano, exudados duros, microaneurismas, hemorragias o cambios compatibles con la enfermedad de base; sin embargo, la OCT suele ser la herramienta decisiva para confirmar y cuantificar el edema.

El edema palpebral se presenta como hinchazón visible de uno o ambos párpados, con o sin eritema, prurito, dolor, fiebre o secreción. En la conjuntiva, el edema se denomina quemosis y puede aparecer en alergias, inflamación severa o infección. El edema orbitario agrega signos de alarma: dolor con los movimientos oculares, proptosis, diplopía, disminución visual o limitación motora.

Los signos clínicos deben diferenciarse de síntomas subjetivos. Un paciente puede sentirse muy molesto con un edema leve de superficie ocular y, en cambio, otro puede tener una disminución visual importante con mínima sintomatología. Por eso la exploración oftalmológica sistemática es indispensable.

Red flags que requieren evaluación urgente: disminución súbita de la visión, dolor ocular intenso, ojo rojo con fotofobia marcada, proptosis, fiebre, dolor al mover el ojo, trauma reciente, uso de lentes de contacto con dolor y visión borrosa, halos intensos con náuseas o vómitos, y edema unilateral rápidamente progresivo.

Diagnóstico y pruebas

El abordaje diagnóstico comienza con una historia clínica detallada. Es fundamental precisar la localización del edema percibido por el paciente, el tiempo de evolución, la unilateralidad o bilateralidad, la presencia de dolor, fotofobia, secreción, disminución visual, antecedente de alergias, diabetes, hipertensión, cirugía ocular, traumatismo, uso de lentes de contacto y síntomas sistémicos. También importa conocer medicación actual, porque algunos fármacos pueden favorecer retención de líquidos o precipitar inflamación.

El examen oftalmológico debe incluir agudeza visual, biomicroscopía, evaluación de la película lagrimal y de la superficie ocular, presión intraocular, y fondo de ojo con dilatación cuando corresponda. Si se sospecha edema corneal, la lámpara de hendidura puede mostrar estrías, pliegues o microquistes, y la paquimetría ayuda a cuantificar el espesor corneal. En casos de glaucoma agudo o descompensación endotelial, la presión intraocular es un dato central.

Cuando el compromiso es retiniano o macular, la OCT es una prueba esencial. Su utilidad no se limita a “ver si hay edema”: permite localizar el líquido dentro de la retina, medir el espesor macular, valorar quistes intrarretinianos, líquido subretiniano, alteraciones del epitelio pigmentario y, en algunos casos, signos indirectos de isquemia o tracción. La interpretación debe hacerse en contexto clínico, porque el aumento del espesor no siempre se correlaciona linealmente con la agudeza visual, y algunos pacientes pueden tener edema anatómicamente importante con visión relativamente conservada.

En la práctica, la OCT es particularmente valiosa en retinopatía diabética, oclusiones venosas, uveítis y edema macular posquirúrgico. En pacientes con diabetes, además de la OCT, suele ser necesario un estudio retiniano completo y, según el caso, angiografía con fluoresceína para evaluar fuga vascular o isquemia. La autofluorescencia, la OCT-angiografía y otros métodos avanzados pueden complementar el estudio en centros de mayor complejidad, aunque su indicación depende de la sospecha clínica y la disponibilidad.

En el edema palpebral o orbitario, el examen oftalmológico puede requerir estudios complementarios como laboratorio, ecografía, tomografía computarizada o resonancia magnética, especialmente si se sospecha celulitis orbitaria, enfermedad tiroidea ocular o lesión ocupante de espacio. En ese escenario, la coordinación con clínica médica, pediatría, endocrinología, infectología o medicina de familia es parte del diagnóstico integral.

Tratamiento y manejo

El tratamiento del edema ocular depende por completo de la causa. No existe una terapia universal, y el error más común es intentar resolver todo tipo de edema con antiinflamatorios o descongestivos sin confirmar el origen. En la mayoría de los casos, el objetivo es controlar la enfermedad subyacente, aliviar síntomas y prevenir daño estructural o pérdida visual.

En el edema de superficie ocular y palpebral por alergia, el manejo incluye evitar el desencadenante, higiene palpebral cuando hay blefaritis, compresas frías y lubricación. Los colirios antihistamínicos o estabilizadores mastocitarios pueden ser útiles en conjuntivitis alérgica, y los corticoides tópicos se reservan para situaciones seleccionadas y de corto plazo, por su perfil de riesgo. En casos de edema por lentes de contacto, la suspensión del uso, la evaluación de la adaptación y la educación sobre higiene son fundamentales. Si hay sospecha de queratitis infecciosa, el tratamiento debe ser inmediato y guiado por oftalmología.

En el edema macular, el tratamiento depende de la etiología. En edema macular diabético, el control metabólico integral es indispensable, pero no suficiente. Según el patrón y la severidad, se utilizan inyecciones intravítreas de anti-VEGF, corticoides intravítreos o implantes, y en situaciones seleccionadas fotocoagulación láser. En oclusiones venosas retinianas, los anti-VEGF también ocupan un lugar central. En uveítis, el control de la inflamación con corticoides y/o inmunomoduladores puede ser necesario, siempre con seguimiento estrecho de presión intraocular y respuesta anatómica en OCT.

En Argentina, el acceso a tratamientos intravítreos puede variar entre instituciones y coberturas. En la práctica real, el especialista suele adaptar el plan a la disponibilidad de fármacos, tiempos administrativos y posibilidad de seguimiento seriado. Esto hace especialmente importante explicar al paciente que la constancia del tratamiento y los controles son parte del éxito terapéutico, no un detalle accesorio. La educación del paciente sobre signos de alarma, adherencia a la medicación sistémica y asistencia a controles oftalmológicos puede cambiar el pronóstico.

Cuando el edema es corneal, el manejo puede incluir soluciones hipertónicas, lubricantes, tratamiento de la causa de base, control de la presión intraocular y, en casos avanzados de insuficiencia endotelial, cirugía. Si el edema es consecuencia de glaucoma agudo, el control urgente de la presión es prioritario. En edema orbitario infeccioso, el tratamiento puede incluir antibióticos sistémicos e internación; en orbitopatía tiroidea, el enfoque es más complejo y depende de la actividad y severidad inflamatoria.

Cirugía (si aplica)

La cirugía no es tratamiento de primera línea para “el edema” como concepto general, pero sí puede ser necesaria según su causa. En el edema corneal crónico por falla endotelial, la queratoplastia endotelial, como DMEK o DSAEK, ha reemplazado en muchos centros a técnicas más invasivas y ofrece recuperación visual más rápida y menor astigmatismo inducido. En casos seleccionados de edema macular traccional, por ejemplo asociado a membrana epirretiniana o tracción vítreomacular, la vitrectomía con maniobras sobre la superficie retiniana puede ser útil.

En el edema macular diabético o por oclusión venosa, la cirugía no suele ser la solución principal, aunque puede ser necesaria si coexisten otras patologías, como hemorragia vítrea persistente, tracción o desprendimiento de retina. Antes de cualquier procedimiento, la planificación preoperatoria debe incluir identificación precisa de la causa, estado de la mácula en OCT, control sistémico y expectativas realistas. La mejor cirugía es la que se indica por la causa correcta y en el momento adecuado.

Las complicaciones dependen del procedimiento, pero incluyen infección, inflamación, aumento de presión intraocular, desprendimiento de retina, falla injerto en cirugía corneal y recurrencia del edema si la causa subyacente persiste. Por eso el seguimiento posoperatorio es tan importante como la técnica quirúrgica.

Complicaciones, pronóstico y calidad de vida

El pronóstico del edema ocular varía ampliamente. Algunos edemas de párpados o conjuntiva se resuelven en días con medidas simples, mientras que el edema macular crónico puede dejar secuelas visuales permanentes si no se trata a tiempo. El edema corneal prolongado puede deteriorar la transparencia y afectar de manera significativa la calidad visual. En los niños, los cuadros recurrentes de alergia o infección pueden interferir con el sueño, el rendimiento escolar y la atención. En adultos, la pérdida de visión central compromete lectura, conducción, trabajo con pantallas y autonomía cotidiana.

La calidad de vida no depende solo de la agudeza visual. El edema ocular puede generar dolor, fotofobia, lagrimeo, ansiedad por la posible pérdida de visión y ausentismo laboral. En patologías crónicas, el cansancio de tratamientos repetidos y controles frecuentes también influye. Por eso el manejo exitoso debe ser clínico, humano y organizativo: diagnóstico correcto, explicaciones claras, seguimiento realista y coordinación entre especialidades.

Prevención y salud pública (Argentina-oriented)

La prevención del edema ocular se apoya en la prevención de sus causas. En términos prácticos, controlar la diabetes y la hipertensión, usar lentes de contacto con indicación y limpieza adecuadas, no automedicarse con colirios, consultar ante ojo rojo con dolor, y tratar adecuadamente alergias y blefaritis son medidas de alto impacto. En pacientes con riesgo de enfermedad retiniana, los controles oftalmológicos periódicos y la realización de OCT cuando está indicada permiten detectar edema macular antes de que cause pérdida funcional importante.

En Argentina, la prevención también implica educación sanitaria y acceso. Muchos pacientes consultan tarde por demoras en turnos, costos o subestimación de síntomas. Es útil recordar que el sistema público, las obras sociales y las prepagas pueden ofrecer vías de atención distintas, pero el síntoma de alarma debe ser el mismo: disminución visual súbita, dolor importante, edema unilateral progresivo o signos de infección. La exposición solar intensa y el ambiente seco en ciertas regiones refuerzan la importancia de proteger la superficie ocular con anteojos adecuados y hábitos de parpadeo e hidratación ocular cuando corresponda.

Tendencias emergentes y líneas de investigación

La OCT continúa evolucionando como herramienta central en el estudio del edema macular y de la enfermedad de la superficie ocular. La OCT-angiografía permite evaluar la microvasculatura sin contraste y aporta información complementaria sobre perfusión y alteraciones capilares. También se investigan biomarcadores estructurales en OCT que podrían predecir respuesta terapéutica en edema macular diabético y otras patologías.

En tratamiento, los esquemas de anti-VEGF de duración extendida, nuevos implantes de liberación prolongada y estrategias personalizadas según biomarcadores anatómicos y funcionales buscan reducir la carga de inyecciones y mejorar adherencia. En cirugía corneal, las técnicas lamelares continúan refinándose y amplían opciones para edema endotelial con mejor recuperación visual. Sin embargo, es importante distinguir lo ya establecido de lo emergente: la práctica estándar sigue basándose en diagnóstico clínico, OCT y terapias validadas por evidencia.

Conclusiones

El edema ocular es un signo clínico transversal a múltiples enfermedades y requiere una mirada anatómica precisa para evitar errores diagnósticos. Su relevancia en Argentina es alta por la frecuencia de diabetes, alergias, uso de lentes de contacto, exposición ambiental y desigualdades de acceso a diagnóstico avanzado. La OCT ocupa un lugar central en el edema macular y, en conjunto con el examen clínico, permite orientar decisiones terapéuticas con gran valor práctico. El tratamiento siempre debe dirigirse a la causa, con un enfoque escalonado y seguimiento estrecho. Ante dolor, pérdida visual, ojo rojo intenso, proptosis o edema unilateral rápido, la consulta urgente es obligatoria.

Preguntas Frecuentes

  • ¿El edema ocular siempre significa una enfermedad grave?
    No necesariamente. Algunos edemas de párpados o conjuntiva son leves y transitorios, por ejemplo por alergia o irritación. Sin embargo, el edema también puede ser la manifestación de enfermedades que comprometen la visión, como edema macular, glaucoma agudo, queratitis o infección orbitaria. Por eso importa la localización, la velocidad de aparición y si hay dolor o disminución visual.

  • ¿Cuándo debo consultar de urgencia?
    Debe buscarse atención urgente ante disminución súbita de la visión, dolor ocular intenso, ojo rojo con fotofobia marcada, fiebre, proptosis, dolor al mover el ojo, trauma ocular, halos con náuseas o vómitos, y edema unilateral rápidamente progresivo. Esos síntomas pueden indicar condiciones que requieren tratamiento inmediato.

  • ¿Qué aporta la OCT en el diagnóstico?
    La tomografía de coherencia óptica permite ver cortes de alta resolución de la retina y la mácula. Sirve para confirmar edema macular, medir su severidad y seguir la respuesta al tratamiento. No reemplaza al examen oftalmológico, pero sí lo complementa de manera decisiva cuando se sospecha compromiso retiniano.

  • ¿El edema macular se cura solo?
    A veces puede mejorar si la causa es leve o transitoria, pero en muchas enfermedades, como la diabetes o las oclusiones venosas, el edema no debe esperarse sin tratamiento. La demora puede dejar daño estructural y peor visión final. El control de la causa de base y el seguimiento con OCT son claves.

  • ¿En niños el edema ocular se maneja igual que en adultos?
    No siempre. En niños son más frecuentes la alergia, la infección y ciertos trastornos sistémicos, y el examen puede requerir un enfoque adaptado a la edad. Además, los signos de alarma deben tomarse muy en serio porque un cuadro aparentemente banal puede evolucionar rápido o afectar el desarrollo visual.

  • ¿Los colirios “desinflamatorios” de venta libre son una solución segura?
    No. La automedicación puede enmascarar enfermedades graves, empeorar infecciones o elevar la presión ocular según el tipo de gotas utilizadas. Cualquier colirio con corticoides o vasoconstrictores debe usarse solo bajo indicación profesional.

  • ¿Qué pasa si vivo lejos de un centro especializado en Argentina?
    Lo ideal es iniciar la atención en el efector más accesible, ya sea público, obra social o prepaga, y solicitar derivación si hay signos de alarma o sospecha de compromiso macular, corneal u orbitario. En muchas ciudades hay circuitos de referencia hacia oftalmología general y subespecialidades. La clave es no demorar la consulta cuando hay dolor, pérdida visual o empeoramiento rápido.

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Redacción UNO

Especialistas en oftalmología

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